El ruido detrás de las fiestas patrias: qué pasa con nuestros oídos durante las celebraciones

La pirotecnia puede alcanzar hasta 150 decibeles, de acuerdo con la OMS, una intensidad sonora capaz de poner en riesgo la audición.Bebés, niños pequeños y adultos mayores son especialmente vulnerables al impacto de estos sonidos, por lo que una exposición breve a detonaciones de alta potencia puede ocasionar daño auditivo: MED-EL 

Ciudad de México, septiembre de 2026. – ¿Alguna vez has sentido que los oídos te “zumban” después de escuchar un cohete? Aunque la molestia desaparezca después de unos minutos, ese sonido que permanece en el oído es una respuesta a la fuerza de la explosión. Cuando la detonación ocurre cerca, la exposición resulta suficiente para afectar distintas estructuras del sistema auditivo en cuestión de segundos y provocar una pérdida auditiva, incluso permanente.
El oído tiene su propia forma de protegerse frente a los sonidos fuertes, pero necesita unas décimas de segundo para reaccionar. En el caso de la pirotecnia, ese margen prácticamente no existe: la explosión alcanza una gran intensidad de forma casi instantánea, antes de que el mecanismo de defensa del oído tenga tiempo de responder. Al respecto, MED-EL, líder en soluciones médicas auditivas, indica que ante este tipo de exposición pueden presentarse daños irreversibles, por lo que cualquier alteración en la audición requiere una valoración especializada para determinar el alcance de la afectación y las opciones más adecuadas para cada persona.
Cohetes, petardos y bombas de estruendo producen un ruido impulsivo, es decir, un sonido que alcanza una gran potencia en un periodo muy corto. Esta energía afecta las células ciliadas del oído interno, encargadas de transformar las vibraciones en señales que llegan al cerebro. Cuando la exposición es suficientemente intensa se produce un trauma acústico, que en los casos más severos deriva en daños permanentes.
El daño auditivo provocado por la pirotecnia se presenta en personas de cualquier edad, pero existen grupos especialmente vulnerables, como los bebés, los niños pequeños y los adultos mayores. En los niños, el sistema auditivo y nervioso todavía está en desarrollo, por lo que una exposición intensa que derive en una pérdida auditiva también repercute en la adquisición del lenguaje y el aprendizaje. En los adultos mayores, el riesgo aumenta cuando ya existe algún grado de hipoacusia, ya que una exposición a sonidos de alta intensidad agrava una capacidad auditiva que ya está disminuida. Por ello, es importante extremar las precauciones y evitar que estos grupos estén cerca de detonaciones de pirotecnia”, explica la Dra. María Fernanda Alderete, Médico Audiólogo y de Soporte Clínico en MED-EL.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que los juegos artificiales alcanzan hasta 150 decibeles (dB). Para poner esta cifra en contexto, el tráfico intenso ronda los 90 dB, una sirena de ambulancia llega a unos 110 dB y el despegue de un avión alcanza aproximadamente 120 dB. Durante una celebración multitudinaria en la que se expone a este tipo de ruidos, también se suman otras fuentes, como música en vivo y bocinas a alto volumen, cuyo nivel depende del equipo, el espacio y la distancia. La diferencia es que estos productos pirotécnicos alcanzan niveles mucho mayores de manera súbita.
La cercanía con la explosión también influye. Una detonación a pocos metros genera una presión suficiente para lesionar el tímpano e incluso provocar una perforación. Entre las manifestaciones de este tipo de lesión se encuentran dolor, sangrado, disminución en la audición, sensación de presión, problemas de equilibrio o tinnitus, ese zumbido que se percibe sin una fuente externa. Algunas molestias son pasajeras y disminuyen después de unas horas, pero otras requieren valoración médica.
La atención oportuna permite determinar qué parte del oído resultó afectada y conocer el alcance del daño. En los casos en que existe una pérdida auditiva importante, el diagnóstico también permite identificar las alternativas disponibles y valorar cuál responde mejor a las necesidades de cada persona.
En estos casos, existen tecnologías de origen austriaco, como los implantes cocleares, que en determinadas personas permiten recuperar el acceso a los sonidos. Sin embargo, no existe una solución única para todos. Primero es necesario conocer el tipo y grado de sordera y, a partir de una valoración especializada, determinar cuál es la alternativa más adecuada para cada persona”, añade la Dra. Alderete.
De acuerdo con el diagnóstico, las opciones incluyen auxiliares auditivos, sistemas de conducción ósea implantables y no implantables, implantes de oído medio e implantes cocleares. Cada alternativa responde a diferentes tipos y grados de hipoacusia, por lo que su elección debe realizarse con base en una valoración especializada.
La pirotecnia forma parte de muchas celebraciones, pero el ruido que la acompaña también merece atención. Una detonación dura sólo unos segundos, aunque la exposición ocurre con una fuerza capaz de rebasar las defensas naturales del oído. El ruido desaparece rápido; sus efectos, en cambio, no siempre lo hacen.