The CIU – De la Prohibición del Celular al ‘Pocket Classroom’

por Ernesto Piedras
La reciente regulación de la Secretaría de Educación Pública (SEP), que busca restringir el uso de pantallas (celulares, tabletas y otros dispositivos electrónicos personales) durante toda la jornada escolar en primaria y secundaria, abre un debate que trasciende su presencia activa en las aulas, ¿es conveniente prohibir esas tecnologías o aprender a establecer criterios para su uso responsable y con propósito educativo?

La preocupación es legítima. El uso indiscriminado de dispositivos puede convertirse en una fuente de distracción, mermar la atención e impactar el proceso de apredizaje. La propia SEP reconoce estos riesgos y, por ello, establece restricciones para la educación básica, al tiempo que contempla excepciones cuando exista una finalidad pedagógica previamente programada y bajo orientación docente.

Sin embargo, existe una diferencia sustantiva entre prohibir el uso absoluto de la tecnología y excluirla del proceso educativo.

Pocket Classroom: Aula de Bolsillo. Hace algunos años, desde The Competitive Intelligence Unit (The CIU), propusimos junto con la División de Ingeniería del ITAM el concepto de Pocket Classroom que implica reconocer al smartphone no únicamente como un dispositivo de comunicación o entretenimiento, sino como un potencial salón de clases de bolsillo.

La lógica es sencilla. Un teléfono inteligente concentra acceso a conectividad, contenidos audiovisuales, herramientas de colaboración, aplicaciones educativas, inteligencia artificial, videojuegos y fuentes prácticamente ilimitadas de información.

No se trata de convertir el aula en un espacio dominado por pantallas, sino de incorporar selectivamente estas capacidades al proceso de enseñanza.

La propuesta no parte de asumir que la tecnología, por sí misma, educa. Por el contrario, requiere contenidos pedagógicos, capacitación docente, conectividad, habilidades digitales y acompañamiento de madres y padres de familia. Esa fue precisamente una de las premisas centrales del Pocket Classroom, tal que el dispositivo es infraestructura habilitante, no sustituto del profesor.

Educación Digital, Más Allá de Prohibiciones. México enfrenta así una oportunidad para transitar de una política de prohibición hacia una de alfabetización y uso responsable de las capacidades tecnológicas.

Los estudiantes eventualmente tendrán que utilizar dispositivos digitales en la universidad, el trabajo y prácticamente cualquier ámbito productivo. Por ello, aprender cuándo utilizarlos, para qué, durante cuánto tiempo y bajo qué condiciones constituye también parte de la competencia educativa.

Esto implica desarrollar controles parentales, herramientas de supervisión escolar, contenidos digitales apropiados para cada edad y programas de formación para docentes y familias. También supone enseñar a distinguir información confiable de desinformación, proteger datos personales, comprender los riesgos de las plataformas y utilizar responsablemente herramientas de inteligencia artificial.

La propia regulación reconoce esta dimensión al plantear el desarrollo progresivo de capacidades para una ciudadanía digital crítica, ética, responsable y segura.

Aprovechamiento Efectivo de las Capacidades Tecnológicas. La realidad tecnológica de la niñez mexicana hace todavía más relevante esta discusión. De acuerdo con datos de la ENDUTIH 2025 del INEGI, 81.1% de las niñas y niños de 6 a 11 años ya utiliza internet, mientras que 67.7% utiliza un teléfono celular inteligente. Entre adolescentes de 12 a 17 años, estas proporciones ascienden a 94.9% y 92.2%, respectivamente.

El desafío, entonces, no consiste únicamente en decidir si los dispositivos entran o salen de la escuela. Consiste en definir cómo convertir una infraestructura digital ampliamente adoptada en una herramienta para reducir brechas educativas y desarrollar capacidades.

La escuela debe ser precisamente el espacio donde niñas, niños y adolescentes aprendan a convivir con la tecnología de manera responsable.

Incluso esa civilidad de convivencia social es extensible para la vida social de los adultos, debemos reconocer y destacarlo.

Prohibir puede resolver una distracción inmediata, pero educar para utilizarla correctamente puede resolver un desafío de largo plazo.

El verdadero Pocket Classroom no es un teléfono dentro del salón. Es la capacidad de convertir la tecnología que cabe en nuestro bolsillo en una extensión inteligente del aprendizaje, sin desplazar al maestro, la convivencia ni la experiencia presencial.