
| América Latina y el Caribe requiere inversiones anuales equivalentes a entre 1.8% y 3.12% del PIB hasta 2030 para atender sus necesidades de infraestructura. Ciudad de México, octubre de 2026. Durante años, la infraestructura urbana estuvo asociada principalmente con activos físicos como vialidades, redes de agua, transporte, alumbrado y sistemas de comunicación. La incorporación de sensores, dispositivos conectados y plataformas digitales está ampliando esta definición: hoy, estos elementos también pueden generar información de manera continua y aportar datos para conocer lo que ocurre en distintos puntos de una ciudad. Esta transformación ocurre mientras las ciudades enfrentan una creciente demanda de infraestructura y servicios. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estima que América Latina y el Caribe requiere inversiones anuales equivalentes a entre 1.8% y 3.12% del PIB hasta 2030 para atender sus necesidades de infraestructura. Al mismo tiempo, la digitalización abre una oportunidad para incorporar capacidades de monitoreo, comunicación y análisis a los sistemas que ya forman parte de la operación urbana. Kabat One, plataforma mexicana de integración y análisis para la operación de seguridad pública, trabaja sobre esta convergencia de información al conectar fuentes como llamadas al 911, videovigilancia, sensores, GPS, radiocomunicación y bases de datos. “La integración permite relacionar información proveniente de distintos sistemas y construir una visión más completa de cada situación para quienes operan y toman decisiones. Uno de los ejemplos más claros se encuentra en la evolución de los centros de operación y seguridad. Los modelos C2, C4 y C5 han incorporado progresivamente diferentes fuentes de información para pasar del monitoreo de eventos a una operación basada en datos”. Comenta Mauricio Swain, CRO de Grupo Kabat y Kabat One. La escala de estos sistemas muestra la cantidad de información que ya forma parte de la operación cotidiana. En Ciudad de México, durante 2025 se registraron más de 1.4 millones de llamadas efectivas al 911, mientras que el C5 opera con más de 81 mil cámaras. Cada fuente cumple una función distinta, pero su integración permite analizar diferentes elementos de una misma situación y generar contexto para la respuesta. A esta infraestructura física se suma una capa digital que permite almacenar, procesar y compartir información. La nube facilita el manejo de grandes volúmenes de datos, mientras que la conectividad permite que dispositivos, plataformas y centros de operación intercambien información. Sobre esta base, las herramientas de analítica e inteligencia artificial pueden identificar patrones y relaciones entre datos que provienen de diferentes sistemas. “En cada ciudad existe una infraestructura digital que conecta dispositivos, sistemas y fuentes de información. Cuando esos elementos pueden comunicarse entre sí, los datos dejan de ser registros aislados y se convierten en contexto para entender lo que ocurre y actuar con más información”, finaliza Mauricio. Esta evolución también modifica la forma de entender las inversiones tecnológicas. La instalación de cámaras, sensores o dispositivos conectados representa una primera capa; desarrollar la capacidad para integrar y procesar la información que generan permite aprovechar esa infraestructura de manera más amplia. Para las ciudades, el siguiente paso consiste en consolidar una infraestructura capaz de conectar lo físico con lo digital. Más que sumar dispositivos de manera independiente, la tendencia apunta hacia sistemas en los que infraestructura, conectividad, datos y analítica trabajen de manera conjunta para fortalecer la operación urbana. |

