Rezago en tecnología pone en riesgo la competitividad de la manufactura industrial mexicana

La tecnología se ha vuelto un impulsor del desarrollo y la competitividad del sector manufacturero. De hecho, el 76% de las empresas de manufactura industrial a nivel global expresa una fuerte intensión de adoptar tecnología de vanguardia, el porcentaje más alto entre todos los sectores analizados en el KPMG Global Tech Report — Industrial Manufacturing Insights (2025). Además de reflejar una tendencia, este dato confirma la convicción ampliamente compartida de que el futuro de la manufactura será, por definición, tecnológico.

En América Latina, la manufactura continúa siendo uno de los pilares económicos de la región. En mercados clave como México, el sector no solo aporta de manera significativa al PIB y al empleo, sino que también desempeña un papel crítico en las cadenas de suministro globales. Sin embargo, sostener este crecimiento —y dotarlo de mayor estabilidad— exige algo más que capacidad productiva; requiere estrategias sólidas de transformación digital que impulsen la eficiencia operativa, eleven los estándares de calidad y respalden una toma de decisiones más informada.

Para Arturo Zavala, director de ZEISS Industrial Quality Solutions en México, “la fuerza impulsora detrás de este crecimiento es la digitalización industrial y la inteligencia artificial (IA); el 95% de los fabricantes que ya han integrado IA en sus procesos afirma que ha mejorado directamente su eficiencia y sus resultados económicos”. Este impacto no se limita a la automatización, sino que ha permeado la forma en que las empresas entienden y controlan su operación.

Adopción tecnológica en manufactura industrial sigue siendo desigual

Aunque la digitalización se ha consolidado como un factor indispensable para la competitividad industrial, su adopción en la manufactura mexicana avanza a ritmos dispares. El directivo de ZEISS IQS señala que “la limitada incorporación de tecnologías orientadas a la calidad y al análisis de datos no solo frena la mejora continua, sino que pone en riesgo la competitividad regional frente a mercados que avanzan con mayor rapidez en la digitalización de sus procesos productivos”.

La gestión de la calidad industrial, por ejemplo, está dejando de entenderse como un ejercicio aislado de medición para convertirse en un proceso continuo de análisis y control. Más allá de las herramientas empleadas, el valor de este enfoque reside en la capacidad de integrar, interpretar y contextualizar la información que se genera a lo largo de toda la operación. Hoy, la tecnología, como el software de metrología industrial, permite centralizar datos, correlacionarlos entre procesos y transformarlos en conocimiento accionable, con un impacto directo en la eficiencia productiva y en la reducción de scrap y variabilidad.

Sin embargo, esta transformación no se está dando de manera homogénea en el ecosistema industrial del país. Mientras la industria automotriz muestra un alto nivel de madurez tecnológica y una clara apertura a soluciones digitales, otros sectores clave del país avanzan con mayor cautela.

En la industria del plástico, por ejemplo, aún es común asumir el costo del scrap como un gasto inevitable, en lugar de invertir en tecnologías avanzadas que mejoren la calidad y la rentabilidad a largo plazo. Por su parte, industrias altamente reguladas como la médica y la aeroespacial enfrentan marcos normativos estrictos que, aunque necesarios, tienden a frenar la innovación en procesos ya certificados, elevando el desafío de modernizar sin comprometer el cumplimiento regulatorio.

Además, la industria electrónica —una de las nuevas protagonistas del crecimiento manufacturero en México, impulsada por el nearshoring y la reconfiguración de las cadenas globales de suministro— ha comenzado a dejar atrás su rol tradicional como mero ensamblador para avanzar hacia etapas de mayor valor agregado. Este cambio implica una mayor integración de procesos, esquemas de control de calidad más sofisticados y el desarrollo de capacidades técnicas locales, elementos que hacen indispensable una adopción tecnológica más profunda y estratégica.

Al respecto, Zavala subraya que “la complejidad de los productos electrónicos, la presión por cumplir estándares internacionales y la necesidad de garantizar trazabilidad y consistencia en la calidad exigen herramientas digitales que permitan gestionar datos en tiempo real, optimizar procesos y respaldar decisiones más precisas a lo largo de toda la operación”.

La urgencia del talento, el otro gran reto de la adopción tecnológica

Más allá de la incorporación de nuevas tecnologías, la manufactura industrial enfrenta un desafío igual de determinante: la disponibilidad de talento técnico capacitado para operar, interpretar y extraer valor de estas herramientas. Si bien la digitalización avanza a ritmos desiguales, la falta de personal especializado se ha convertido en un factor que limita la adopción tecnológica y profundiza las brechas entre sectores y regiones.

Las propias empresas reconocen que la formación continua y el desarrollo del talento son claves tanto para acelerar la implementación de soluciones digitales, como para retener perfiles especializados.

Desde la perspectiva de Zavala, el talento es un factor indispensable para traducir la innovación tecnológica en eficiencia operativa. Esta eficiencia, señala, se construye cuando la calidad se integra desde la fase del diseño de componentes y productos, y no únicamente como un control al final del proceso productivo. “Incorporar la calidad desde el origen permite acortar los ciclos de innovación, un aprendizaje clave de las principales potencias manufactureras, cuya velocidad para desarrollar, validar y escalar nuevos productos se ha convertido en una ventaja competitiva global”, agrega.

Zavala señala que la única forma de que Latinoamérica rompa el techo del rezago y consolide su posición como líder manufacturero global es a través de la transferencia de conocimiento y la adopción de tecnología, como un binomio inseparable para desarrollar talento, acelerar la innovación y fortalecer la competitividad industrial de la región.