por Gonzalo Rojon
Cada 8 de marzo centramos la conversación en las brechas que persisten entre hombres y mujeres en participación laboral, acceso a posiciones directivas, oportunidades de emprendimiento, presencia en sectores tecnológicos y de innovación, participación en la toma de decisiones y, especialmente, en la distribución del tiempo dedicado al trabajo doméstico y de cuidados. Sin embargo, hay otro espacio donde también se reflejan estas diferencias, aunque de forma menos visible, el ecosistema digital.Durante años se habló de la brecha digital de género como un problema de acceso.
La preocupación era que las mujeres tuvieran menos posibilidades de conectarse a internet que los hombres. En México, esa diferencia prácticamente ha desaparecido. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2024 del INEGI, 82.3% de las mujeres utilizan internet, frente a 84.1% de los hombres. En términos de conectividad, la distancia es hoy marginal.Esto significa que las mujeres ya forman parte plena del entorno digital. Acceden a internet, utilizan aplicaciones y consumen contenidos en línea. Sin embargo, cuando se observan con mayor detalle las actividades que realizan los usuarios en internet, comienzan a aparecer diferencias en los patrones de uso.
En el caso de los videojuegos, por ejemplo, la participación masculina sigue siendo considerablemente mayor. De acuerdo con estimaciones de The Competitive Intelligence Unit (CIU), alrededor de 69.6% de los hombres internautas juegan videojuegos, mientras que entre las mujeres la proporción se ubica en 55.3%.
Esta diferencia de más de 14 puntos porcentuales sugiere que, aunque el acceso a internet es prácticamente equivalente entre hombres y mujeres, las formas de participación dentro del ecosistema digital no necesariamente lo son.Algo similar ocurre en el consumo de plataformas de video por suscripción como Netflix, Prime, etc. En este segmento, 72% de los hombres internautas utilizan servicios SVOD, frente a 65% de las mujeres, también con datos de The CIU. No se trata de una brecha extrema, pero sí evidencia que el comportamiento digital no es completamente homogéneo.Estas diferencias reflejan que la participación digital depende de factores que van más allá de la conectividad. Las condiciones sociales que existen fuera de la pantalla siguen influyendo en la manera en que las personas utilizan la tecnología.Uno de los factores relevantes es el tiempo disponible.
En México, las mujeres dedican 39.7 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, mientras que los hombres destinan 18.2 horas, según la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) del INEGI. Esta diferencia de más de 21 horas a la semana no solo refleja una desigualdad estructural, también condiciona la forma en que se distribuye el tiempo para actividades recreativas, consumo digital o emprendimiento en línea.La tecnología suele presentarse como un gran igualador social. Internet promete democratizar el acceso a la información, las oportunidades y los mercados.
Pero la realidad muestra que la conectividad, por sí sola, no transforma automáticamente las estructuras sociales existentes.
Las brechas de género no desaparecen al entrar al mundo digital. Con frecuencia simplemente adoptan nuevas formas.Las mujeres ya están conectadas. La pregunta que sigue abierta es si el ecosistema digital también está evolucionando al mismo ritmo para ofrecerles las mismas oportunidades.