Ciudad de México a febrero de 2026.- La sala de estar es mucho más que un conjunto de muebles dispuestos en un espacio: es el punto de encuentro donde pasamos momentos cotidianos, desde conversaciones íntimas, hasta pausas después de un día largo. Una sala verdaderamente armoniosa no solo se ve bien, sino que se siente bien; fluye con la vida de quienes la habitan y contribuye a un estado emocional más tranquilo y acogedor.
Los diseñadores de Casa de las Lomas nos comparten algunas claves deco para conseguirlo:
1. La energía empieza desde la entrada
El primer encuentro con tu sala puede empezar desde el recibidor. Una pieza bien elegida aquí establece una sensación de calma y orden que se extiende visualmente al resto del espacio.
Coloca una consola llamativa y elegante, que actue como un punto de anclaje visual, invitando a continuar el recorrido con armonía.

Foto: Buffet Willene Café
2. Un lenguaje común: color, materiales y texturas
Para que una sala se sienta unificada y coherente, los diseñadores recomiendan partir de una paleta de color bien pensada. Una manera práctica de lograrlo es asignar una base cromática dominante, un color secundario y un acento que se repita de forma sutil —esto garantiza continuidad visual sin monotonía.
Los materiales y las texturas también contribuyen a esa sensación de bienestar: mezclar superficies suaves como telas de piel con elementos más sólidos como madera o cerámica aporta profundidad sin conflicto visual.

Foto: Sala Tiziano Gris de Casa de las Lomas
3. El equilibrio en la distribución: cuando nada se siente fuera de lugar
La colocación de los muebles es fundamental para que una sala fluya. No se trata solo de llenar cada centímetro, sino de entender cómo se mueven las personas y cómo se usa el espacio. Un sofá grande puede verse imponente si no se relaciona bien con la alfombra, las mesas y las butacas; en cambio, cuando hay proporción y recorrido visual, ese mobiliario contribuye a un ambiente más armónico.
Jugar con la proporción y la repetición —como incorporar muebles ocasionals de una misma colección mantener el mismo diseño, materiales y formas— ayuda a que el espacio se sienta coherente.

Foto: Ocasionales Veliero
4. Luz y sonido: atmósferas que hablan de calma
Más allá de lo visual, la armonía tiene una presencia sensorial. Cambiar luces frías por cálidas crea una atmósfera más acogedora, haciendo que los tonos de color y las texturas se expresen con más suavidad.
Crear capas de iluminación (focal, ambiental y puntual) ayuda a que la sala se adapte a diferentes usos: desde una charla al atardecer, hasta una noche de película.

Foto: Sala Modular Avalanche Blanco con Candil Sharley Mbo Dorado
El sonido también es parte de esa ecología emocional de la sala: desde la elección de un sistema de audio, suave hasta la disposición de textiles que amortiguan ruidos, cada decisión afecta cómo se siente y se vive el espacio.
5. Confort como eje del diseño
Una sala armónica no se define solo por su composición visual, sino por la forma en que se vive. El confort es un elemento esencial para que el espacio cumpla su función como punto de descanso y convivencia: profundidad del asiento, soporte del respaldo y suavidad de los materiales son factores que influyen directamente en la experiencia diaria.
Foto: Sala esquinera Lugano
6. Detalles personales: no solo estética, también significado
Finalmente, la armonía en una sala no es un ejercicio puramente visual: es una práctica diaria. Integrar objetos que evoquen recuerdos, rituales sencillos —una vela, flores frescas, un libro que te gusta— y elementos significativos hacen que el espacio “respire” contigo y para ti.
Una sala armonizada no es perfecta ni estática: es viva, cambiante y profundamente personal, reflejo de quienes la habitan y del ritmo de su día a día.
