Cerrar la brecha en financiamiento femenino: el siguiente reto del sistema financiero


Ciudad de México, marzo de 2026.
 – ​ En los últimos años, México ha avanzado de manera importante en inclusión financiera. La digitalización de servicios, la expansión de plataformas tecnológicas y una mayor adopción de productos formales han permitido que más personas participen en el sistema financiero. Sin embargo, cuando el análisis incorpora perspectiva de género, el panorama se vuelve más complejo.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024, el 76.5% de la población entre 18 y 70 años cuenta con al menos un producto financiero, lo que representa un crecimiento de 8.7 puntos porcentuales frente a 2021. A pesar de este avance, la brecha persiste: mientras el 80.9% de los hombres tiene acceso a algún producto financiero, en el caso de las mujeres la cifra es de 72.8%.

La inclusión avanza, pero no de manera uniforme

Cuando se trata de crédito, las diferencias adquieren mayor profundidad. Según datos del Banco de México, las mujeres registran, en promedio, menores tasas de incumplimiento bajo condiciones similares. No obstante, continúan enfrentando montos más bajos y tasas de interés más altas. A nivel global, el Banco Mundial estima que el 62% de las mujeres no accede a crédito formal.

Esto obliga a revisar una pregunta fundamental: ¿estamos midiendo el riesgo con herramientas acordes a la realidad económica actual?

En México, una parte significativa de la población opera fuera de los esquemas laborales tradicionales. Las trayectorias económicas, especialmente entre mujeres, suelen incluir actividades informales, emprendimientos pequeños, administración del hogar o ingresos variables. Estos patrones no necesariamente implican mayor riesgo, pero sí pueden resultar invisibles para modelos construidos bajo parámetros formales rígidos.

La consecuencia es clara: la ausencia de historial formal suele interpretarse como ausencia de capacidad crediticia, cuando en realidad puede ser una limitación del propio diseño del modelo de evaluación.

Aquí es donde la innovación tecnológica ha comenzado a cambiar la conversación.

Modelos alternativos

Las empresas financieras han contribuido a ampliar el acceso al crédito al reducir costos de distribución y simplificar procesos. Pero su impacto va más allá de la eficiencia operativa. El verdadero diferencial radica en cómo evalúan.

A través de inteligencia artificial y análisis de datos alternativos, los modelos digitales pueden incorporar señales de comportamiento que no dependen exclusivamente del buró tradicional. Patrones de pago, estabilidad en consumo, recurrencia de ingresos o comportamiento transaccional permiten construir perfiles más completos.

Algunas plataformas mexicanas han observado que, cuando los procesos son digitales y basados en datos, la participación femenina alcanza niveles cercanos a la paridad. En el caso de Kueski, que ha otorgado cerca de 40 millones de préstamos en el país, las mujeres representan el 50% de las solicitudes dentro de la plataforma. Además, 36% de los usuarios utiliza el crédito para construir historial formal, y 71% logra posteriormente acceder a otros productos financieros, lo que refleja que el crédito digital puede funcionar como mecanismo de integración progresiva al sistema formal.

“Hoy contamos con herramientas tecnológicas que permiten entender el comportamiento financiero con mucha mayor precisión. El reto no es solo adoptarlas, sino utilizarlas para tomar decisiones más informadas y alineadas con la realidad económica actual. Si los modelos no evolucionan al ritmo de esa realidad, el sistema puede quedarse atrás”, señala Lisset May, Vicepresidenta Senior de Ventas en Kueski.

Estos patrones sugieren que la demanda siempre estuvo presente; lo que faltaban eran mecanismos de evaluación más amplios y actualizados.

Más allá del acceso

Sin embargo, ampliar el acceso no es suficiente. La verdadera inclusión se mide en la capacidad de utilizar herramientas financieras para estabilizar ingresos, invertir en proyectos o fortalecer la autonomía económica.

De acuerdo con el Banco Mundial y la Corporación Financiera Internacional (IFC), cuando las mujeres acceden a servicios financieros formales, tienden a invertir más en educación, salud y emprendimiento, fortaleciendo así el desarrollo económico y la estabilidad familiar.

Reducir las fricciones en el acceso al crédito no es únicamente un tema de equidad. También es una decisión económica estratégica. Facilitar el acceso a capital para mujeres emprendedoras, trabajadoras independientes o jefas de hogar implica fortalecer segmentos productivos que ya participan activamente en la economía, pero que históricamente han enfrentado mayores barreras de financiamiento.

En este sentido, el papel de las empresas financieras no se limita a ofrecer préstamos digitales. Implica asumir una responsabilidad de diseño: construir modelos de evaluación más precisos, transparentes y auditables, donde el riesgo se determine por comportamiento real y no por inercias históricas.

En el Mes de la Mujer, la conversación sobre inclusión financiera invita a ir más allá de los indicadores de cobertura y preguntarse cómo se diseñan las decisiones. Porque el futuro del crédito no estará definido únicamente por quién accede, sino por cómo se evalúa.

Cuando el modelo evoluciona, también lo hacen las oportunidades.