| por Ernesto Piedras |
| El segmento móvil mexicano se encuentra en una nueva transformación estructural que no se perfila en horizontes largos, sino en ventanas de tiempo relativamente cortas. Todo dependerá de la velocidad de ejecución de las decisiones corporativas y aprobaciones regulatorias, esta metamorfosis puede materializarse en un plazo tan breve como tres meses o extenderse hasta de un año, previsiblemente. Su más reciente paso ha sido la transferencia de propiedad de Telefónica Movistar, en un mercado que se ha expandido en valor a la vez que enfrenta crecientes presiones competitivas, búsqueda de mayores márgenes operativos y consecuentemente, una urgencia de redefinición estratégica de sus principales actores. Mercado en Expansión y Mutación Interna. Las cifras recientes confirman un mercado en expansión y con transformaciones internas. Al cierre de 2025, se alcanzaron 161.7 millones de líneas y un crecimiento anual de 6.2%, acompañado de ingresos por $378,820 millones de pesos (+6.0%). No obstante, este dinamismo agregado disimula dificultades para impulsar su rentabilidad, particularmente manifiesto el crecimiento lento de su ARPU y por la intensificación de la competencia tarifaria. El ecosistema móvil en México ha entrado en una fase de maduración avanzada. En esta etapa, la competencia ya no se limita a cobertura o precio, sino que se ha desplazado hacia la diversificación de alternativas y la especialización de la oferta. OMV, Liderazgo Evolutivo. Los Operadores Móviles Virtuales (OMV) son el mejor ejemplo de esta evolución. Su consolidación como el segundo jugador en número de líneas, con cerca de una quinta parte del mercado que podría extenderse hasta casi una tercera parte (32.3%) al considerar ya Telefónica como un “OMV robusto”, no sólo responde a estrategias de bajo costo, sino a su capacidad para segmentar consumidores, encontrar propuestas de valor y operar con estructuras de costos significativamente más ligeras. Esta circunstancia ha democratizado el acceso y la demanda por conectividad, pero también ha comprimido márgenes y obligado a los operadores tradicionales a replantear su posicionamiento. Salida de Telefónica: La Consecuencia. La salida de Telefónica realmente tuvo lugar hace siete años con el desmantelamiento de su infraestructura (torres, antenas, espectro, fibra óptica, etc.) y el montaje de su operación sobre aquella de AT&T. Atrapada entre operadores con ventajas de infraestructura y OMV con estructuras de costos optimizadas, Telefónica fue perdiendo gradualmente su capacidad de competir. Su salida, más que abrupta, es la conclusión lógica de una trayectoria de erosión prolongada. AT&T y el Factor de Incertidumbre Estratégica. Si la salida de Telefónica marca el cierre de un ciclo, la posición de AT&T representa la principal incógnita del siguiente episodio. Como segundo operador con red propia, cualquier redefinición de su presencia, ya sea vía desinversión, asociación o reconfiguración operativa, tendría efectos sistémicos sobre el equilibrio competitivo. En el corto plazo, el acuerdo de compartición de red con Movistar vigente hasta 2030 introduce un ancla de estabilidad operativa. Sin embargo, también profundiza una dependencia estructural que podría condicionar la evolución del mercado en los próximos años. Hacia un Nuevo Orden Competitivo. Lo que emergerá es un mercado radicalmente distinto al de la década pasada. La infraestructura, si bien sigue siendo relevante, ha dejado de ser determinante del éxito competitivo. En su lugar, han ganado peso la eficiencia operativa, la integración de servicios, la analítica de datos y la capacidad de monetizar el consumo digital. Este nuevo orden se caracteriza por la coexistencia de un operador preponderante en valor y usuarios, un segundo jugador en redefinición estratégica y un ecosistema creciente de OMV. Es así y en esencia, un mercado más fragmentado en su oferta, pero más sofisticado en su lógica competitiva. La pregunta ya no es si ocurrirá esta metamorfosis, sino a qué velocidad se consolidará. Y en esta ocasión, el reloj no corre en años, sino en meses. |

