Gestión integral de la cadena de frío, una estrategia para proteger la integridad del producto

Durante años, la cadena de frío fue tratada como un asunto operativo ligado a la compra y mantenimiento de equipos. Sin embargo, en sectores como alimentos, farmacéutica y logística especializada, este enfoque empieza a mostrar límites frente a mayores exigencias regulatorias, presión de costos y necesidad de trazabilidad continua.
Cada vez más organizaciones analizan cómo la gestión térmica incide directamente en la integridad del producto, la exposición al riesgo y la capacidad de escalar operaciones sin desviar recursos de su actividad principal. En este contexto, el modelo de gestión integral de la cadena de frío —más allá de la propiedad de la infraestructura— se perfila como un tema relevante en la conversación sobre eficiencia operativa y control de riesgos.
Datos clave:En el mercado de servicios logísticos de terceros, las actividades de cadena de frío representan aproximadamente el 20% del total.
La cadena de frío exige continuidad térmica a lo largo de todo el recorrido logístico.
La gestión interna demanda capacidades fuera del core business.
La falta de diseño integral eleva el riesgo operativo y regulatorio.
Puede servir como contexto para una nota o análisis sobre eficiencia operativa y gestión de riesgos.
En el traslado de productos sensibles a la temperatura —desde insumos farmacéuticos hasta alimentos de exportación—, muchas empresas continúan abordando la refrigeración como un tema predominantemente operativo. La inversión en equipos, su instalación en almacenes y unidades de transporte, así como la gestión interna de su operación y mantenimiento, siguen siendo el eje del modelo. Sin embargo, la gestión de la cadena de frío va mucho más allá del equipamiento; requiere una visión integral que asegure la continuidad térmica del producto a lo largo de todo el recorrido logístico y reduzca la exposición al riesgo.
Durante años, la propiedad de estos activos fue sinónimo de control. Hoy, ese supuesto comienza a mostrar sus límites frente a un entorno marcado por una mayor complejidad operativa, regulatoria y de mercado. Alimentos frescos, farmacéuticos, biológicos, químicos especializados o insumos médicos no solo demandan rangos de temperatura precisos; exigen trazabilidad, capacidad de respuesta ante incidentes, cumplimiento normativo permanente y una operación capaz de sostenerse a escala.
Atender estas exigencias desde una gestión interna implica que las empresas deban desarrollar competencias que van mucho más allá de su core business o actividad principal. Como resultado, el foco se dispersa y los riesgos aumentan. “Esto está llevando a las organizaciones a migrar del modelo de ‘compradores de fierro’ a enfoques integrales en el manejo de la cadena de frío. Ya no buscan solo los equipos, sino el diseño de la solución de extremo a extremo”, señala Carlos Humberto Infante y Loya, fundador y presidente del Consejo de Administración de Kryotec.
Cuando el equipo deja de ser el problema… y la operación se convierte en el verdadero reto
En muchas organizaciones, la inversión en sistemas de almacenamiento en frío, unidades de transporte, sensores y dispositivos de monitoreo se ha convertido en una práctica habitual. Sin embargo, con frecuencia, esta inversión se realiza sin una revisión profunda de la arquitectura completa de la operación. Rara vez se evalúa cómo responde la cadena de frío ante picos de demanda, qué ocurre cuando se abren accesos en momentos críticos, cómo se calibran y validan los instrumentos y sistemas de monitoreo de temperatura o de qué manera se documenta cada incidente para responder con solvencia a una auditoría.
El problema es que muchas organizaciones descubren, cuando el daño ya está hecho, que la simple adquisición de equipos no garantiza una gestión de la cadena de frío confiable. “El mantenimiento reactivo, las configuraciones poco alineadas al tipo de producto, la falta de monitoreo continuo, los procesos no estandarizados y una dependencia excesiva del factor humano se convierten en puntos de falla recurrentes que terminan comprometiendo la integridad del producto”, advierte Infante y Loya.
Este desafío se agrava en un entorno de negocio cada vez más exigente, marcado por regulaciones más estrictas, clientes que demandan evidencia clara y trazable de cumplimiento, costos energéticos al alza y operaciones logísticas sometidas a una presión constante. En estas condiciones, la gestión de la cadena de frío como un activo aislado es un riesgo operativo. “Cuando no existe un diseño integral que articule tecnología, procesos y operación, la cadena de frío queda expuesta a lo imprevisible. Y en este sector, lo imprevisible siempre se paga caro”, agrega el experto.
Por qué la gestión de la cadena de frío necesita una visión integral
El reto para las organizaciones ya no consiste únicamente en externalizar funciones específicas, sino en asegurar una gestión coordinada y de extremo a extremo de la cadena de frío. Más que delegar tareas aisladas, el valor de incorporar expertos con una visión integral radica en su capacidad para comprender el flujo completo de la operación, identificar puntos críticos de riesgo y establecer criterios homogéneos de control, desempeño y cumplimiento.
Para el directivo de Kryotec, “este acompañamiento especializado es clave para asegurar tres objetivos fundamentales: eficiencia operativa, cumplimiento normativo e integridad del producto”. De hecho, datos de Future Market Insights señalan que, en el mercado de servicios logísticos de terceros, las actividades de cadena de frío contribuyen aproximadamente al 20%, donde la externalización del transporte y almacenamiento refrigerados ayuda a las organizaciones a gestionar los riesgos de inventario y a cumplir con los mandatos normativos.
Este enfoque de consultoría integral permite a las organizaciones mantener el foco en sus actividades principales, mientras la gestión térmica se conduce bajo esquemas más estructurados, con métricas definidas y una visión de continuidad operativa. En la práctica, esto se refleja en mayor consistencia en los procesos, reducción de incidencias y un entorno de mayor certidumbre tanto para clientes como para autoridades regulatorias.
Para Infante y Loya, este enfoque va más allá de la adquisición de tecnología aislada y no se limita al suministro de equipos. Se trata de un esquema que incorpora distintas etapas operativas de la gestión de la cadena de frío, desde la preparación y acondicionamiento de las fuentes de frío hasta el manejo adecuado de los contenedores utilizados en el transporte y distribución de productos sensibles a la temperatura, así como el manejo eficiente de la cadena de frío con registros de control térmico digital.
De acuerdo con este planteamiento, el modelo contempla el diseño de configuraciones que cubran el requerimiento necesario para el transporte de los productos sensibles a la temperatura —como perfiles térmicos, rutas logísticas, capacidad de utilización de contenedores en cargas máximas o mínimas, requerimientos normativos—, así como la puesta en marcha de procesos estandarizados que incluyen protocolos operativos y capacitación del personal involucrado.
Asimismo, considera la optimización de la cadena de frío mediante monitoreo continuo y actividades de control que permiten dar seguimiento al desempeño térmico de los sistemas, junto con acciones de mantenimiento, inspección y reacondicionamiento de contenedores reutilizables. Además, la información generada a partir de estos procesos se utiliza para realizar ajustes operativos orientados a reducir incidencias, optimizar recursos y mejorar la continuidad de la operación.
El modelo de comprar y gestionar equipos de refrigeración de forma interna está quedando obsoleto porque el frío ya no puede ser una variable aislada. La cadena de frío actual exige una gestión perfecta entre diseño, tecnología y monitoreo especializado. Entender que el éxito reside en la integridad de su producto y no en la propiedad de la infraestructura, será un factor indispensable para las empresas comprometidas con la eficiencia logística.
Por ello, los responsables de la logística de cadena de frío ya no deberían preguntarse «¿cuánto cuesta este equipo?», sino «¿quién es el aliado capaz de asegurar que mi producto llegue perfecto a su destino?».
Para quienes buscan esta certidumbre, la respuesta está en modelos de servicio integrales —como los centros de servicio especializados— que ofrecen el respaldo técnico y operativo necesario para que la cadena de frío nunca se rompa. POST PARA REDES SOCIALES