Héroes infantiles

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Para su libro Kinderzimmerhelden, literalmente, ‘Los héroes del cuarto de los Niños’, Christian Blanck retrató autos miniatura de seis décadas. Los recuerdos de infancia ahora también se encuentran en una edición exclusiva de Porsche.

El fotógrafo se aproxima a su objeto casi con ternura. Va cambiando de posición, prueba con distintos ángulos, varía la iluminación…Hace ya cuatro años que Christian Blanck se embarcó en un peculiar viaje en el tiempo. Hoy tiene ante la cámara un Porsche 917 de 1972, tres años mayor que él. A pesar de que ha pasado ya casi medio siglo desde su estreno, el auto de carreras no ha perdido ni un ápice de su imponente apariencia. El fotógrafo recorre con el dedo las formas del bólido hasta esa zaga interminable, mientras ensimismado elucubra sobre la ligera construcción del chasis tubular de aluminio y el brutal motor de 12 cilindros.

Pero Christian Blanck no realiza sesiones de fotos normales. De hecho, aquí no hay ni luces artificiales ni flashes: retrata las abolladuras y los rayones del Porsche bajo la resplandeciente luz del sol. El parabrisas del automóvil está hundido y le falta un faro, pero las ruedas aún funcionan bastante bien. El particular ‘estudio de fotografía’ se limita a dos planchas de poliestireno expandido (unicel, plumavit, telgopor o icopor) no más grandes que un cuaderno de escuela. Pero es que el propio automóvil es 43 veces más pequeño que el original, un auto en miniatura de la marca francesa Safir Super Champion. Blanck realiza las sesiones de fotos solo cuando el sol se lo permite, como por ejemplo hoy. El fotógrafo se desliza por el pavimento de hormigón pintado y sigue el haz de luz que entra por el cristal. No hace mucho que sus hijos trazaron unas complicadas carreteras con tiza en el suelo. Ahora dan fe de ello la camiseta y el pantalón.

Christian Blanck se dedica a convertir recuerdos infantiles en imágenes. En 2015 salió a la luz su primer libro, Kinderzimmerhelden. Más de 300 páginas con auto móviles en miniatura de Matchbox, Siku, Majorette, Dinky Toys y Hot Wheels. Llenos de golpes, pintadas y arañazos, su pueden definir como ‘usados’, una palabra que describe los distintos grados de uso de forma muy inexacta. Blanck los fotografía todos porque para él no son solo juguetes: con sus fotos transporta al observador a su propia infancia. El libro ha sido todo un éxito y la primera edición está prácticamente agotada.

“Todos nos acordamos de las experiencias y las aventuras vividas con nuestros autos de juguete”, dice Blanck. Recordamos los intentos de reparación destornillador en mano, los golpes desde el tercer piso y, por supuesto, aquellas colisiones de prueba cuando, tomando un auto con cada mano, extendíamos los brazos al máximo para después hacerlos chocar frontalmente con fuerza. A él, el recuerdo le sobrevino un domingo por la mañana jugando con su hijo Niklas, que entonces tenía dos años, en el suelo del salón. Entonces sacó su Smartphone para hacer un par de fotos. “Estoy completamente seguro de que con autos intactos o recién comprados la idea no hubiera funcionado”, reflexiona Blanck. Y es que son precisamente las heridas de guerra las que colman la cabeza de recuerdos.

Pero una cosa son los autos en miniatura envejecidos por el paso del tiempo y otra muy distinta crear un libro con ellos y tener éxito. Para ello se necesita un talento especial. Blanck se gana la vida como consultor estratégico independiente. Es a ello a lo que dedica su tiempo cuando no está buscando, clasificando o fotografiando autos. Él dice que su trabajo consiste en “ayudar a nacer nuevas marcas, productos e ideas”. También colabora con un grupo de rock, al que ayuda a hacerse un hueco en las listas de superventas. Blanck estudió ciencias políticas e historia con la intención de ser periodista, pero, tras realizar unas prácticas, en lugar de ello terminó convertido en estratega y viajando 200 días al año por todo el mundo con la caravana que rodea a la Fórmula 1. Después realizó campañas para agencias de viajes y fabricantes de artículos deportivos. También tiene su propia colección de joyas, ‘Die blancke Liebe’, especializada en collares y pulseras hechos a base de madera, resina de palma y colores naturales. Todo ecológico.

La esposa de Blanck dice que no hay un hilo conductor que una las distintas facetas de la vida laboral de su marido. Pero él tiene otra opinión “El hilo conductor es que yo no me subo a los trenes cuando ya están en marcha, a mí lo que me gusta es echar a rodar nuevos proyectos”. Es el mismo principio que rige sus libros de automóviles. “Si el producto es perfecto, lo demás se resolverá de una forma u otra”, afirma. Y así es como no solo aprendió fotografía, pues Kinderzimmerhelden está más cerca de la obra de arte que de un libro. Basta tener un ejemplar entre las manos para darse cuenta: impresión y encuadernación son de la calidad, la impresión de los cantos es única. Los héroes siguen siendo un hobby, pero uno que cada vez exige más tiempo. Ya está preparando la segunda edición, y desde finales del año pasado están a la venta un juego de cartas y un calendario de adviento, aparte del primer proyecto de la marca: los Kinderzimmerhelden en la Edición Porsche Museum. El libro cuenta la historia de Porsche de una forma completamente inédita. “Todo ello tiene un claro carácter museístico”, afirma Jörg Thilow, responsable de gestión del producto en el Museo Porsche Zuffenhausen. Las miniaturas disponibles en la tienda del Museo son productos muy elaborados, y la empresa pretende que contribuyan a hacer más tangible la marca. “Por ello, es fundamental que no acaben solo en manos de coleccionistas, sino también en las habitaciones de muchos niños”, subraya Thilow. Los que hoy se venden en Stuttgart son aún demasiado jóvenes para alcanzar el estatus de héroe. Antes tienen que experimentar 10 ó 20 años llenos de aventuras infantiles.

Blanck ya no tiene que preocuparse por conseguir material nuevo para sus sesiones de fotos. Desde que tomó las primeras fotos, amigos, compañeros y conocidos aprovechan cualquier oportunidad para buscar autos de juguete usados. El donante de más edad es un vecino de 70 años. Las miniaturas de la Edición Porsche Museum también son auténticos héroes, ya que todos ellos, sin excepción, proceden de mercadillos y antiguos baúles de juguetes. “Todas las abolladuras y todos los golpes son reales”, asegura Blanck. Y si alguno de los autos que cae en sus manos está demasiado nuevo, se lo da a probar a sus hijos Niklas y Henri hasta que alcanza el suficiente grado de uso.

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